Uzbekistán y Kirguistán con Leica M11

De la pausa, la luz y la distancia focal: Mi experiencia con la Leica M11 por Uzbekistán y Kirguistán​

Hola a todos,

Quería compartir por aquí algunas reflexiones tras regresar de un viaje reciente por Central Asia, cargando a la espalda poco más que lo esencial y, en la mano, mi Leica M11 equipada únicamente con el 35 mm cron.

A veces tendemos a obsesionarnos con el rendimiento técnico puro, la nitidez en las esquinas o la cadencia de ráfaga. Sin embargo, este viaje me ha servido para volver a recordar qué es lo que me apasiona de la fotografía: la observación, la pausa y el acto consciente de mimetizarte con lo que te rodea. Llevar un cuerpo compacto y una sola lente te despoja de tanto peso y tanta decisión. Te obliga a moverte tú, a dar un paso adelante para buscar la mirada o un paso atrás para dejar que el aire respire.

Antes de fotografiar me exijo parar, respirar, pensar la composición.... es una conversación silenciosa con el entorno. Y en un lugar como Asia Central, donde los ritmos de vida difieren tanto de nuestra prisa diaria, esa pausa no es solo una elección técnica, es una necesidad humana.

Uzbekistán: Diálogos de ladrillo, azulejo y vida cotidiana​

Mi recorrido comenzó atravesando el corazón urbano e histórico de Uzbekistán. En Taskent, el contraste entre el brutalismo soviético y el bullicio cotidiano en sus avenidas me obligó a afinar el ojo para buscar pequeños gestos urbanos entre gigantes de hormigón.

Llegar a Samarcanda fue adentrarse en el corazón de la Ruta de la Seda. Frente a las cúpulas turquesas y los mosaicos del Registán, lo fácil habría sido quedarse en la postal panorámica. Pero el 35 mm te pide cercanía. Lo verdaderamente hermoso de Samarcanda fue algo tan sencillo como sentarme y conversar con los locales tranquilamente, ver cómo la luz de la tarde rozaba la cerámica gastada y capturar la vida cotidiana de una ciudad que sigue viva tras siglos de historia.

En Bujará, las callejuelas de tierra y barro invitan a perderse. El ritmo baja aún más. Sin duda, la sensación de lejanía con Occidente es mayor aún. Y finalmente, Jiva, una ciudadela que al amanecer parece detenida en el tiempo. La luz rasante sobre las paredes de adobo y color tierra son un regalo y una bonita paleta de colores para la fotografía.

Kirguistán: El silencio de las alturas y la soledad nómada​

Kirguistán supuso cambiar la geometría urbana por la inmensidad orgánica de uno de los países más montañosos del planeta.

Empezando por la capital, Biskek, una ciudad verde y tranquila que sirve de antesala para la inmensidad, el paisaje pronto se apodera de todo. En la región de Karakol y sus cordilleras circundantes, la escala del mundo cambia por completo. Fotografiar es un ejercicio fascinante de humildad: ante gigantescos picos de piedra, pasos de alta montaña y valles que parecen no terminar nunca, para mí, que no acostumbro a fotografiar naturaleza, supuso un reto.

Kirguistán es la belleza de sus lagos alpinos de agua helada y sus horizontes verdes infinitos. Pero, sobre todo, es la experiencia de encontrarte con las yurtas aisladas en medio de la nada. La vida de los nómadas transcurre en un silencio sobrecogedor. Llegar allí, hablar con una familia que te ofrece té caliente, mirar a los ojos a quienes habitan la inmensidad sin más compañía que sus caballos y el viento, es algo que te transforma la mirada. En esos momentos, hacer una foto se vuelve un acto de gratitud.

Al final, este viaje me reafirma en la idea de que la fotografía no consiste en acumular imágenes, sino en aprender a mirar. y volver con algunas pocas imágenes, pero que tengan "ese valor sentimental".

Nos leemos por el foro. Un saludo a todos.

Uzbekistán​


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Gran serie esta que nos muestras Jose, has disfrutado mucho de la fotografía sin tener que arrastrar peso, te felicito.
Un saludo
 
Una preciosidad ambas series. Personalmente, y es difícil, me gusta más la primera. Pero muy buenas fotos, de una calidad tremenda! 👏
 
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