Por esas intrincadas conexiones entre las neuronas, cuando estaba procesando esta imagen de una señora de luto, me ha venido a la mente una bellísima canción de Carlos Cano, “María la portuguesa”. Un fado igual a los que Fernando Pessoa definió como “la fatiga del alma fuerte; la mirada de desprecio de Portugal al Dios en que creyó y que también lo abandonó“.
La canción está inspirada en una triste historia que comparto con vosotros:
El 5 de enero de 1985, Juan Flores, pescador ayamontino de 35 años, compra a Antonio da Silva varias cajas de marisco de contrabando en el caño de Castro Marim, en la orilla de la ribera portuguesa del Guadiana, para venderlas clandestinamente en la costa onubense. Es víspera de Reyes y Juan espera poder comprarle con las ganancias algún regalo a sus hijas. El Guadiana es la frontera natural entre Ayamonte y Castro Marim, carecía entonces de puente y sólo se podía cruzar por barco. Llega la hora de zarpar y José Antonio Nunes, guardinha portugués recién llegado de la guerra de Angola se acerca a Juan, que estaba tendido en el suelo de la barca colocando los bártulos y sin previo aviso, le dispara a bocajarro matándolo en el acto.
Llevan el cuerpo a un tanatorio portugués y la familia de Flores, que vivía en Ayamonte, no puede ir a velar el cuerpo hasta el día siguiente. Parecía que nadie iba a acompañarlo; sin embargo una mujer desconocida vela el cuerpo toda la noche. A la mañana siguiente los vecinos de Juan, enojados con lo sucedido, toman represalias contra todo lo que huela a portugués, incluso rompen varios coches con matrícula portuguesa. Ante tal situación, las autoridades deciden esperar unos días para repatriar el cadáver. Durante esos cuatro días que tuvo que permanecer en el tanatorio, el cuerpo de Juan siempre estuvo acompañado de aquella mujer misteriosa.
La mañana del 9 enero, la familia recibe la autorización para la repatriación. Aquella misteriosa mujer vestida de negro pide subir al barco, pero la familia Flores se niega. Al cruzar el río, nadie sabe cómo, la mujer está esperándoles. Durante el multitudinario funeral -más de 3000 personas acompañaron el féretro la dama permanece en primera línea con una corona de flores y de luto riguroso.
Incluso llegó a aparecer en fotos de la prensa de entonces.
Sólo se sabía entonces que se hacía llamar María, no era portuguesa, su nombre era Aurora Murta y antes de ser contrabandista -por eso conoció a Juan Flores- fue prostituta de lujo en Portugal. Fue vecina de Ayamonte -su madre, soltera, murió en el parto-, pero se exilió con doce años al país vecino junto a la pareja que la crió, tras ver como a su padrastro, que sí era portugués, casi lo fusilan en plena guerra civil.
Carlos Cano conoce la trágica historia de Juan Flores y compone la letra del que sería el mayor éxito de su carrera, María la Portuguesa.
La canción está inspirada en una triste historia que comparto con vosotros:
El 5 de enero de 1985, Juan Flores, pescador ayamontino de 35 años, compra a Antonio da Silva varias cajas de marisco de contrabando en el caño de Castro Marim, en la orilla de la ribera portuguesa del Guadiana, para venderlas clandestinamente en la costa onubense. Es víspera de Reyes y Juan espera poder comprarle con las ganancias algún regalo a sus hijas. El Guadiana es la frontera natural entre Ayamonte y Castro Marim, carecía entonces de puente y sólo se podía cruzar por barco. Llega la hora de zarpar y José Antonio Nunes, guardinha portugués recién llegado de la guerra de Angola se acerca a Juan, que estaba tendido en el suelo de la barca colocando los bártulos y sin previo aviso, le dispara a bocajarro matándolo en el acto.
Llevan el cuerpo a un tanatorio portugués y la familia de Flores, que vivía en Ayamonte, no puede ir a velar el cuerpo hasta el día siguiente. Parecía que nadie iba a acompañarlo; sin embargo una mujer desconocida vela el cuerpo toda la noche. A la mañana siguiente los vecinos de Juan, enojados con lo sucedido, toman represalias contra todo lo que huela a portugués, incluso rompen varios coches con matrícula portuguesa. Ante tal situación, las autoridades deciden esperar unos días para repatriar el cadáver. Durante esos cuatro días que tuvo que permanecer en el tanatorio, el cuerpo de Juan siempre estuvo acompañado de aquella mujer misteriosa.
La mañana del 9 enero, la familia recibe la autorización para la repatriación. Aquella misteriosa mujer vestida de negro pide subir al barco, pero la familia Flores se niega. Al cruzar el río, nadie sabe cómo, la mujer está esperándoles. Durante el multitudinario funeral -más de 3000 personas acompañaron el féretro la dama permanece en primera línea con una corona de flores y de luto riguroso.
Incluso llegó a aparecer en fotos de la prensa de entonces.
Sólo se sabía entonces que se hacía llamar María, no era portuguesa, su nombre era Aurora Murta y antes de ser contrabandista -por eso conoció a Juan Flores- fue prostituta de lujo en Portugal. Fue vecina de Ayamonte -su madre, soltera, murió en el parto-, pero se exilió con doce años al país vecino junto a la pareja que la crió, tras ver como a su padrastro, que sí era portugués, casi lo fusilan en plena guerra civil.
Carlos Cano conoce la trágica historia de Juan Flores y compone la letra del que sería el mayor éxito de su carrera, María la Portuguesa.
