Iván Ferrero nos cuenta su experiencia con la fotografía nocturna

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Mi andadura en el apasionante mundo de la fotografía es aún muy breve, muy lejos del impresionante bagaje de otros reputados compañeros con los que, día a día, tengo el placer y el honor de conversar, así como de aprender de ellos.

Solo hará unos dos o tres años que me compré mi primera cámara “seria”, por supuesto sin tener conocimiento alguno de fotografía (o de composición) más allá del simple “point and shoot”, pero ha sido el último de ellos el que considero que me ha enganchado de verdad a este hobby que ya no considero como una simple afición, sino como una forma de vida, algo que es capaz de emocionarte, de apasionarte, de hacer que durante una sesión te olvides de todo lo que te rodea, de que venzas al cansancio, al frío de la noche o a cualquier otra inclemencia meteorológica… Todo ello con tal de salir a fotografiar, de ir a ese lugar que hace tanto que deseas visitar y volver a casa con ese archivo RAW que contiene la imagen que llevabas mucho tiempo anhelando, que estaba dentro de tu cabeza y que por fin has conseguido.

Por Iván Ferrero

En mi caso, el de un recién llegado a un mundillo del que únicamente empiezas a intuir una ínfima porción de su inmensa magnitud cuando comienzas a devorar manuales de fotografía, a investigar por Internet… una de las disciplinas que siempre me habían fascinado, que me dejaban con la boca abierta era precisamente la fotografía nocturna.

Foto-Ofertas del 25 de junio.

Desde Brassaï hasta fotógrafos “nocturnos” como puede ser actualmente Mario Rubio o grupos como el conocido “Lunáticos de la hiperfocal”. Ver sus trabajos, su forma de trabajar, es algo que me sigue provocando una completa admiración, que hace que un día quieras conseguir algo similar a lo que ellos hacen, aunque sepas que no es precisamente sencillo y que, detrás de esas imágenes, hay muchas horas de estudio, de práctica y que son fruto de una verdadera pasión por la fotografía.

Paradójicamente, la fotografía nocturna era uno de los campos que aún no había explorado. Pese a que me maravillasen esos cielos estrellados, esas vías lácteas sobre impresionantes paisajes… siempre encontraba una excusa para no salir por la noche: ya fuera el cansancio acumulado de una jornada de trabajo, obligaciones familiares, el mal tiempo, o tener que ir solo porque no conoces a otro tan “zumbado” que esté dispuesto a salir a las doce de la noche con una cámara para volver a las cuatro y estar dando tumbos de sueño al día siguiente sólo por conseguir una “simple” foto.

Todas estas excusas quedan ya atrás. Creo que puedo decir que estoy absolutamente liberado de ellas desde que hace tres o cuatro meses hiciera mi primera incursión nocturna en el Castillo de Almonacid, quedando completamente atrapado por “la noche”. Sólo el que ha tenido ocasión de divisar un verdadero manto de estrellas en un lugar solitario, lejos de una gran ciudad, de ver cómo miles de ellas brotan en el LCD de la cámara cuando termina esa larga exposición… sólo esa persona es capaz de entender lo que verdaderamente se siente cuando practicas esta modalidad fotográfica que te engancha para siempre sin remisión.

Pues bien… en mi caso, desde que tuviera esa primera “experiencia” en el Castillo de Almonacid que, fruto de la inexperiencia, tampoco se saldó con el mejor de los resultados, estaba esperando la llegada del mes de junio para salir a tratar de cazar mis primeras vías lácteas. Si para un novato obtener un manto estrellado sobre un castillo es algo difícil, una vía láctea cerca de una ciudad se torna en un reto ya casi imposible.

En Toledo tenemos la inmensa suerte de contar, relativamente cerca de la capital, con ciertos lugares que podrían considerarse “emblemáticos” para la fotografía nocturna, como Almonacid, Barcience, Caudilla o las Barrancas de Burujón. Obviamente, ninguno de ellos está libre de la contaminación lumínica, ni es fácil obtener una vía láctea verdaderamente visible como en otros sitios más alejados. Pero en una noche oscura, en una noche de luna nueva y trabajando con cuidado en la toma y el postproceso, todo es posible.

Así pues, llegó junio, mes que ya tenía marcado en rojo en el calendario después de haber consultado con Photopills determinadas fechas, así como horas “razonables” en las que el centro galáctico de la esquiva Vía Láctea sería visible en varios de los lugares que antes he comentado.

Problema: pues que el primero de esos días no caía en fin de semana, así que hubo que concienciarse de que la mañana siguiente en el trabajo iba a ser dura y que únicamente se podrían descansar 3 o 4 horas, a lo sumo.

El primero de los dos lugares que visité hace dos semanas (cuando pudimos disfrutar de la luna llena y un cielo despejado) fue Caudilla, una pedanía abandonada del Val de Santo Domingo que cuenta con los escasos pero, fotogénicos restos, de un Castillo que por desgracia se encuentra en completa ruina.

Como no conocía la zona e iba solo, decidí salir pronto de casa y sobre las diez y cuarto ya estaba en el pueblo de Caudilla, recorriendo sus dos calles con edificios abandonados, la mayor parte semi derribados y llenos de pintadas. Sinceramente, para ir a estos sitios, sin compañía y de noche, hace falta echarle un poco de valor.

Aproveché para buscar el mejor lugar para estacionar el vehículo cerca del castillo y exploré un poco la zona alrededor de la Iglesia contigua. En este momento es cuando me di cuenta de lo importante que es revisar bien un lugar antes de ir de noche, ya que junto a la precitada Iglesia, había dos agujeros tipo pozo (de unos 2/3 metros de profundidad) que estaban descubiertos y que de noche podrían pasar inadvertidos. Afortunadamente, como digo, fui con suficiente luz y también llevaba el frontal.

El encuadre desde la Iglesia no me convenció y, de hecho, no vi por ningún lado la fuente/abrevadero que sale en algunas imágenes de Caudilla. Así que al final decidí centrarme en el castillo y la VL.

Sobre las doce de la noche planté ya el trípode y empecé a realizar algunas pruebas y, minutos después, escuché el ruido de un motor, un vehículo que se acercaba y un par de luces que empezaban a moverse… Los visitantes pronto se revelaron como “fotógrafos a la caza de estrellas”…pues me percaté de que no sabían muy bien por dónde acceder a la era del castillo y empezaban a dar vueltas por la zona. Así que no tuve muchas dudas de que eran otros aficionados que, como yo, que visitaban ese lugar por primera vez.

Yo seguí a lo mío y al poco rato una de esas luces se acercó:”Hola, Soy Pedro, vengo con una amiga de Madrid para hacer unas fotos”. Y en fin, ahí empezó una gran experiencia que se extendió hasta cerca de las tres y media de la madrugada (y eso que todos trabajábamos a la mañana siguiente, y pronto además).

Durante esas horas nos fuimos coordinando. Cada uno tenía sus ideas, así que compartimos las mismas, nos fuimos turnando… ¿”te importa apagar ahí que ahora voy a tirar una desde este lado?”…”, “¡Vale, ya está! ¡Dale tú!” etc.

Hice bastantes fotos, de las cuales solo revelé unas pocas, las que ahora muestro. No obstante, no he eliminado casi nada, porque muchas de ellas pueden servir más adelante aunque ahora mismo las tenga descartadas.

Por mi parte y, aunque no sé si lo leerán, darle las gracias a Pedro e Itziar que venía preparada con trajes para la ocasión (y que gustosamente aceptó posar también para mi) por el rato que pasamos, y lo que disfrutamos…

Por Iván Ferrero

Por Iván Ferrero.

Por Iván Ferrero.

La segunda incursión nocturna fue improvisada realmente. Aún no había recuperado las horas de sueño pero, ¡qué narices!, era viernes y al día siguiente podría dormir un poco más. ¿Por qué no acercarse a otro lugar a intentar mejorar lo de Caudilla? Rápidamente vencí la pereza, revisé el equipo (camara, objetivo, baterias, flashes, pilas, geles, trípode….) y bajé al garaje.

Fue curioso. La idea era visitar Barcience, pero mientras estaba en el ascensor pensé: “¿por qué no ir a las Barrancas y tratar de hacer una panorámica de la Vía Láctea?” Y así fue como me dirigí a la localidad de Burujón con la mente puesta en una foto que siempre había soñado: una panorámica de la VL como otras muchas que se ven en Internet, y que para poder conseguir hace falta que concurran una serie de circunstancias que dicho día y lugar parecían reunir.

Cuando llegé a las Barrancas (impresionante paraje donde incluso se rodó un anuncio de “Coca Cola”), era ya plena noche. Y de nuevo tuve la ocasión y fortuna de conocer a dos aficionados a la fotografía nocturna, dos verdaderos veteranos (José Luis y Ángel) que habían acudido hasta dicho lugar con el mismo objetivo y con los que tuve el placer de compartir varias horas de animada charla, como si fueramos amigos de toda la vida.

Por algún motivo, la contaminación lumínica en el horizonte era mayor de lo habitual en ese lugar y la Vía Láctea pronto dibujó un arco demasiado elevado sobre el horizonte, lo que me obligó a usar el gran angular en tomas verticales (afortunadamente no olvidé el brazo en “L”) para poder abarcar todo el agua y la propia VL, rezando para que el aire en los extremos fuera suficiente para unir todo correctamente en el postproceso.

Hice varias tomas panorámicas, de las cuales finalmente procesé esta, que está formada por 8-10 fotografías, procesadas individualmente en Capture One y unidas posteriormente con Photoshop. Para mi, esta foto supone la culminación de una ilusión que albergaba hace mucho tiempo. Por ello quizás peque de falta de objetividad y, si tengo que quedarme con una de todas las de este artículo, para mi no hay duda alguna, sería esta pano.

Por Iván Ferrero

Así mismo, cuando me quedé solo, no pude resistir también la tentación de hacerme otras fotos más “ frikis” conmigo como protagonista. Para estas utilicé un flash externo, disparado a la mínima potencia y accionado remotamente a través de un transmisor 560TX montado en la zapata de la Fuji X-T1.

Por Iván Ferrero.

Por Iván Ferrero.

Por Iván Ferrero.

De nuevo tuve que hacer un verdadero esfuerzo para volver a casa. Eran las ¡¡¡cuatro de la mañana!!! y ahí estaba yo… a escasos metros de un barranco, en el medio de la noche, haciendo el cabra con la cámara, la linterna y el trípode. ¿He dicho ya que la fotografía nocturna engancha?

8 Comentarios

  1. Gracias Xaxxe y Víctor!!! La verdad es que es algo que engancha…y como un día haga grupito…puede ser la perdición jaja. De momento vivo en un estado de “eterna ansiedad” viendo fotos de sitios impresionantes en los alrededores, Toledo, Madrid…fotos increíbles y queriendo ir a todos lados…ay! quién tuviera más tiempo libre y no solo algún viernes de ciento en viento!!!

    Un abrazo!!!

  2. enhorabuena por las fotos!! y por el relato de la historia… siempre está bien lo que hay detrás de cada foto, como que al día siguiente debiste ser un zombie en el trabajo.

    sobre una de las fotos, tengo una duda técnica. No sé si me la podrás resolver. Es acerca de la foto que es fruto de 8-10 fotos unidas. ¿no tuviste ningún tipo de problema al estar tomadas de forma consecutiva? lo pregunto por la posición de las estrellas.
    saludos,

    • Hola Jaime, perdona que no había visto tu comentario.

      Efectivamente son esas fotos unidas, cada una con su larga exposición y el darkframe…si fuera una línea recta o algo similar se vería el problema…pero realmente, la VL tampoco es una forma geométrica clara y definida…así que no hay problema en la pano y juntar luego, no se va a notar nada raro. Lo que sí hay que hacer es tener en cuanta la exposición correcta para que las estrellas no salgan movidas y mantenerla en todas las tomas.

      Un saludo y gracias!

    • Gracias Juanito!! me alegro que te hayas leído el “ladrillo” jeje. Cuando uno se pone a escribir..se pone de verdad 😉

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