Con ganas de retratar y sin modelo disponible, solo queda usar la imagen de uno para practicar. El difícil ejercicio de plantarse delante de la cámara. Colocar las luces. Medir la luz y click. El golpe de realidad incomoda que te recuerda que los años, el cansancio y la enfermedad están presentes en esa imagen real de ti que poco se parece a la del espejo. Mirarse y no reconocerse. Duro momento en el que se pone uno en frente de sus miserias. Espero que os guste. Perdón por la chapa.
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