No deja de maravillarme que sobreviva Quiteria Martín. La de veces que me he plantado de niño en su escaparate (no siempre quedaba propina para gastar). Espero que sea por muchos años más. Muy adecuado el blanco y negro, y bien elegido el momento, con el señor del perro en el hueco de la puerta.
Saludos