Iba a contestar al compañero
@Jack, porque estoy en desacuerdo completamente con lo que decía del uso limitado a ciertas situaciones, pero aprovecho tu respuesta a su post: el estabilizador sirve mucho más de lo que creemos, o mejor dicho: ayuda en más situaciones y momentos de los que, a priori, pensamos. Y también pensamos siempre en esas velocidades críticas en las que a cualquiera se le movería ligeramente la cámara y la foto saldría trepidada. Pues... no sólo.
Un ejemplo como botón de muestra: esta Semana Santa haciendo fotos de siluetas a contraluz del atardecer, luz bajísima (casi las 21h), una niña manejando un diábolo y nada de tiempo para pensar y ponerse a cambiar a un ISO más alto (estaba en AUTO), ni a valorar si un diafragma más abierto permitiría conservar esos tonos del fondo manteniendo en silueta a la protagonista... nada.
Vamos, de esos momentos en que la poca luz se va y puede que la imagen que tienes delante, también, como te pongas estupendo.
Así que poco más que enfocar, elegir el encuadre, disparar y confiar (la otra opción cómoda sería renunciar y no intentarlo, pero no es nunca la mía).
Pues el estabilizador ayuda, vaya que si ayuda. Y más cuando la niña no para de moverse, el fotógrafo, tampoco, y la escasa luz se va a negro a la velocidad del rayo.
No puedo poner aquí las fotos, porque no tengo la autorización de los padres que, sin embargo, quedaron encantados con una serie de 6 momentos en los que se ve a la niña -silueta perfectamente enfocada- en diferentes posturas con un fondo precioso (lo único que sale movido, claro, es el diábolo).
Sin la ayuda del estabilizador habrían sido un completo borrón. Para tirarse el pisto-paja mental de arte en movimiento y tal.
Y es sólo un ejemplo, estoy seguro de que hay muchas otras situaciones en las que, como digo, no nos damos cuenta de cómo nos ayuda a salvar fotos la estabilización. Pero hay que abrir un poco el cliché y salirse de los tópicos para sacarle partido a una herramienta que resulta muy útil.