Mejor que "El hombre que susurraba a los caballos"

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La muchacha que susurraba a las mulillas.

Siempre he sentido curiosidad e interés por las personas que se dedican a profesiones que normalmente son desempeñadas por el sexo opuesto. Y especialmente, por su mayor frecuencia, aquellas actividades que durante muchos años han sido encomendadas exclusivamente a varones y que gracias al tesón demostrado por muchas mujeres, han conseguido con mucho esfuerzo, ocuparse de esas tareas para las que han demostrado, incluso en las que se exige cierta fortaleza física, una preparación y eficacia iguales o incluso superiores a las de los hombres; compatibilizando además esos quehaceres con las tediosas tareas domésticas.

Nuestra sociedad ha avanzado mucho y, aunque todavía no exista una absoluta igualdad, es difícil encontrar oficio, profesión o actividad en la que las mujeres no estén presentes, bien es verdad que a veces en situaciones discriminatorias en cuanto a trato y salarios, respecto a los hombres. Por eso, cada vez que descubro una actividad en la que la mujer está, me produce una gran satisfacción ver que esa presencia se ha conseguido en España en muy pocos años y desde luego con bastante retraso a la instauración de este peculiar sistema democrático que gozamos o padecemos, según la benevolencia con que lo juzguemos.

Me llamó por tanto, la atención ver actuar a esta joven atractiva, de andares y maneras elegantes, incluso cuando se trata de realizar algo tan arcaico como atar con cadenas la cabeza inerte de un toro bravo para conducirlo, arrastrado por las mulillas, al desolladero.

Impecablemente vestida con indumentaria campera gris de mil rayas, botos camperos de Valverde, camisas diferentes para cada corrida y una gorrilla también gris a juego, que no alcanzaba a cubrir su abundante melena rubia que se escapaba recogida con una cola de caballo hasta algo más abajo de los hombros.

Y aunque sus ojos claros, sus bellas facciones y su cuerpo menudo pero bien proporcionado, hubieran sido suficientes para fijarme en ella y disparar mi cámara en varias ocasiones, me sorprendí observando principalmente la desenvoltura con la que desarrollaba su tarea dentro del grupo –todos hombres- entre los que, naturalmente, destacaba. Y me atrajo también de forma especial, su extraordinario parecido con una persona que hace bastantes años fue muy importante para mí y que en un ambiente castizo pero puede que no demasiado romántico como una corrida de toros, me hizo recordar con nostalgia esos años juveniles absolutamente irrecuperables.

No sé si en la próxima temporada taurina volveré a admirar la labor de la joven que susurraba a las mulillas con dulzura y cuyo nombre nunca conoceré. Lo que sí es casi seguro es que no volveré a ver jamás a la chica rubia de mi juventud a la que la muchacha de la gorrilla campera me recordó intensamente los cuatro días que duró la feria taurina del suroeste de Andalucía. Pero si por esos garabatos que el destino traza en nuestras vidas, algún día aparecieses, incluso con las señales que deja en nuestro cuerpo una vida intensamente vivida, estoy seguro que me acercaría a ti y te daría – con tu permiso, claro- todos los besos y abrazos que debimos darnos y no lo hicimos nunca. Claro que igual puede que tú pienses de otra manera o sepas dónde fueron a parar tales besos que pensamos pero no llegamos jamás a darnos.

En todo caso, muchacha de las mulillas, gracias por evocarme una historia que acabó, nunca sabremos si para bien o para mal, convertida en humo. Humo blanco, pero humo.




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Fantástica fotografía, me agrada mucho la indumentaria de la chica, su belleza y la clase con la que parece avanzar. El texto me ha encantado igualmente, comienza de manera descriptiva para terminar de manera apasionada, me lo he pasado muy bien leyéndolo.

Un saludo,
 

Fantástica fotografía, me agrada mucho la indumentaria de la chica, su belleza y la clase con la que parece avanzar. El texto me ha encantado igualmente, comienza de manera descriptiva para terminar de manera apasionada, me lo he pasado muy bien leyéndolo.

Un saludo,
Muchas gracias, Manuel. Celebro que te gusten la imagen y la palabra. Creo que ambas formas de expresión se complementan. Bueno... ¡Y falta la música, jejeje! Saludos, en este caso desde Huelva.
 
Si que es guapa la muchacha sí, y tu retrato muy bueno como viene siendo habitual en ti.
Por lo que comentas entiendo que es una empleada de la plaza y su trabajo es amarrar por la cabeza al toro, cierto? supongo que tendrá otro trabajo diario porque los toros son un par de horas creo y como mucho algún domingo.
Un saludo
 
Las plazas de toros, salvo las de primera categoría, suelen contratar a una cuadrilla que manejan las mulas que arrastran al toro muerto hasta el desolladero (la expresión "estoy para el arrastre" vien del rico léxico taurino) . En esta plaza de Huelva pueden darse como mucho ocho festejos al año por lo que supongo que esta chica tendrá otro trabajo en el campo o en la ciudad. Muchas gracias, Lucas por tu comentario. Saludos.
 
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