Durante más de una década he tenido el privilegio de asistir a las presentaciones de producto de Fujifilm, desde los últimos resplandores de la era dorada de las superventas en cámaras y ópticas. Hoy en día me acuerdo que, cuando las ventas en las gamas baja y media comenzaron a contraerse, y en pleno corazón de una prolongada crisis sectorial, los responsables de la división fotográfica empezaron a repetir el mantra de "no pasa nada, seguimos en el negocio pase lo que pase". Lo hicieron basándose en argumentos que subrayaban la profunda impronta de la fotografía en el ADN histórico de la compañía. ¿Quizá de directivos nostálgicos entrados en años que resistieron a sugerencias más prácticas de nuevas generaciones de ejecutivos? Nunca sabremos las habas de diferentes colores que se habrán cocido en los cuarteles generales de Tokio...
Pasado lo peor del vendaval, y en un mercado que ha pivotado claramente a las propuestas más premium, el panorama presentado en los últimos ejercicios económicos de Fujifilm presentan un escenario muy diferente: el segmento de imagen profesional no solo se consolida, sino que crece con fuerza mientras expande su influencia dentro del diversificado portfolio empresarial de la firma.

Pasado lo peor del vendaval, y en un mercado que ha pivotado claramente a las propuestas más premium, el panorama presentado en los últimos ejercicios económicos de Fujifilm presentan un escenario muy diferente: el segmento de imagen profesional no solo se consolida, sino que crece con fuerza mientras expande su influencia dentro del diversificado portfolio empresarial de la firma.