Había muchas expectativas acumuladas en la Fujikina Madrid 2026 , y con razón: el tremendo éxito de la primera edición ibérica en Barcelona en 2024 había dejado el listón muy alto. Recuerdo que, tras publicar aquella crónica, muchos fujistas salieron en tromba reclamando un evento de esta envergadura en la capital. Y por fin había llegado el momento.

El lugar elegido, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), no tenía la pompa escénica del Teatre Nacional de Catalunya, pero el cartel programado no tenía nada que envidiarle: Alberto García-Alix, Samuel Aranda, Estela de Castro, Matías Costa… y un montón de nombres que por sí solos ya merecían una visita. Pero la Fujikina va más allá de esas grandes figuras: probar cacharros, conocer gente, paseos fotográficos organizados, talleres y una limpieza gratuita del sensor de nuestra cámara son otros argumentos que completaban el festival.

Yo iba a lo mío: intentar cubrir al máximo las actividades de la Fujikina, disfrutar de un fin de semana soleado en Madrid, empaparme de experiencias fotográficas y, sobre todo, quedar con los compañeros del foro de Fujistas a los que conozco desde hace más de diez años exclusivamente a través de la red y cuya «desvirtualización» siempre es un momento emocionante.
A pesar de que la primera impresión del espacio no fuera del todo buena -más cerrado y claustrofóbico que la edición barcelonesa, con rígidas normas de circulación a través del edificio- la cita madrileña mejoró claramente a su predecesora en muchos aspectos organizativos (la experiencia es un grado).
La fotografía como acto físico de compartir
Fujifilm lleva años diciendo que la fotografía es, ante todo, compartir. La primera vez que lo escuché sonó a frase de marketing, de esas que se fraguan en una sala de reuniones y acaban serigrafiadas en una tote bag. La Fujikina Madrid ha sido la demostración más contundente de que detrás de esa idea hay algo genuino. Y sobre todo, algo físico.


Porque compartir no es reenviar una foto por WhatsApp. Compartir es regalar una impresión recién salida de la cámara para que nadie se vaya sin un recuerdo tangible entre los dedos. Es ver cómo en varias charlas circulaban fotolibros que los asistentes hojeaban con esa lentitud de quien disfruta del tacto y el formato tanto como del contenido. Es quedar una docena de foreros que llevan años conociéndose en píxeles y, de repente, compartir una mesa y tener una conversación de verdad. Y es también, simplemente, poner dos jornadas a rebosar de actividades al alcance de cualquiera por un precio casi simbólico.
En la dirección de la fisicidad también Toni Amengual en la entrevista que publicamos en el blog: la fotografía como tránsito de la imagen plana al objeto con significado. Un fotolibro donde el soporte impreso da pleno sentido a la obra. Una Instax que se mete en el bolsillo y se regala. El grano de una película analógica que vuelve a circular entre fotógrafos que no conocieron otra cosa que el smartphone. Un lienzo en el que se aprecian los detalles acercándose, no pellizcando una pantalla . Y -esto lo descubrimos en una de las charlas más inesperadas del festival- incluso la base visual de un videojuego. En un mundo donde disparar es gratis, infinito y olvidable, la fotografía que vale algo es la que se toca y deja rastro más allá de un post de Instagram.

[…] Y ese diálogo entre fotografia y público aparece cuando la imagen tiene presencia propia. Cuando el soporte, la escala, la secuencia, la impresión o la intervención forman parte del significado. Ahí la fotografía deja de ser algo etéreo que pasa ante mis ojos y desaparece haciendo scroll.
Toni Amengual
El poder de la comunidad (y el bendito estrés)
Si tuviera que definir mi estado durante el fin de semana del 23 y 24 de mayo, usaría una sola palabra: estrés. Pero el mejor estrés posible.
Ha sido una locura encontrarme por los pasillos del COAM con decenas de foreros a los que no había «desvirtualizado» en más de trece años. Compartir fugazmente abrazos y anécdotas con cada uno de ellos es el verdadero alma de Fujistas: ese capital humano silencioso que se construye mensaje a mensaje durante años y que de repente se materializa en un pasillo, entre una keynote y un photowalk, con una sonrisa de reconocimiento mutuo que vale más que mil horas de tecleo y scroll.
Como no podía ser de otra manera, el festival sirvió para reforzar los lazos de nuestra parroquia. Hubo encuentro y almuerzo fujista con el irreductible grupo del foro, aunque algo comprimido por la avalancha de actividades, los horarios solapados y las inevitables obligaciones familiares de cada uno.





Un chute de inspiración a contrarreloj
El cartel de este año exigía el don de la ubicuidad. Mi idea original era abarcarlo casi todo para poder transmitiros en esta crónica la verdadera esencia de la Fujikina Madrid 2026. Craso error. Epic fail. Quien mucho abarca poco aprieta. Finalmente, la realidad de la agenda se impuso y tuve que elegir.
Alberto García-Alix dejó uno de los momentos más evocadores del fin de semana. Su ponencia conectó directamente con la médula de lo que significa fotografiar: la memoria, la ausencia y la poesía de lo que ya no está pero permanece en la mirada.

Samuel Aranda nos trajo su mirada documental sobre la migración, el desarraigo y los contextos de conflicto: un trabajo descarnado y necesario que recuerda que la fotografía puede ser, todavía, un instrumento de denuncia y de memoria colectiva. Ganador del World Press Photo -el único fotógrafo español con la máxima distinción hasta la fecha-, su presencia en la Fujikina era todo un lujo.

La mirada íntima y espontánea de Nerea Garro funcionó como un contrapunto perfecto: la fotografía como exploración personal, como diario de vida, como territorio sin mapas previos. Un recordatorio de que la cámara más poderosa es la que apunta hacia adentro.
Estela de Castro, por su parte, reivindicó cla imagen como vehículo de conciencia social y transformación, poniendo la cámara al servicio de luchas sociales y los derechos de los animales. Cada sala era un mundo, y cada ponente ofrecía una ruta distinta hacia el epicentro de la cultura visual.

De la teoría al click colectivo
Pocas actividades se llenan tan rápido en la Fujikina, y con razón. Un photowalk no es simplemente un paseo con cámara: es la mejor manera de pasar de la teoría a la acción acompañado de alguien que lleva años destilando una visión fotográfica propia. Cada fotógrafo que los lideró traía un mundo diferente: la certera mirada urbana de Rodrigo Roher, las interesantes reflexiones de Pilar Silvestre, o la invocación a Bruce Gilden de Nacho Izquierdo para sacudir a la concurrencia de su zona de confort, y unos cuantos más a los que no pude asistir, por desgracia… Hay algo que solo ocurre cuando fotografías en la calle junto a alguien así: de repente ves lo que antes no veías.
Con todo, el formato tiene sus límites, y Rodrigo Roher fue el primero en reconocerlo. Sus photowalks están pensadospara grupos reducidos, donde puede acompañar a cada participante de cerca y trabajar la mirada con la atención que el ejercicio merece. Con la afluencia que trae consigo la Fujikina eso es difícilmente sostenible, y a Rodrigo se le notaba que le pesaba no poder llegar a todos como habría querido. ¡Más guías fotográficos para la próxima, por favor!
A pesar de ello, las caras de satisfacción entre los asistentes ganaban por goleada. Y es que no hay nada más divertido que salir al mundo y afotar en compañía.









Una disculpa necesaria
Al hilo de este éxito toca hacer la autocrítica. No todo ha sido perfecto, y en este caso el que pide perdón es el propio responsable de Fujistas. Toca hablar de la distribución tardía de las entradas. Muchos compañeros del foro se quedaron sin la posibilidad de asistir al evento por esperar el desenlace de los sorteos o los plazos de entrega.
Sencillamente, confiaba que el aforo para la Fujikina se acabase llenando en los últimos días… Es un daño colateral doloroso que me tomo como un aprendizaje crítico de cara a futuras ediciones. Lo siento, de verdad.
Keynotes






Exposiciones
El COAM acogió cuatro exposiciones abiertas durante un mes entero: El Tiempo Expandido de Natalia Garcés con instax, la muestra Lo que nace de Matías Costa y Sonia Celma en la sección oficial de PHotoESPAÑA 2026, una colectiva con cinco fotógrafos contemporáneos y un recorrido por la historia de las cámaras Fujifilm. La Fujikina duró dos días pero sus paredes, mucho más.







Cacharreo, demostraciones y la trampa del Touch & Try
El COAM se transformó también en un genuino «SAT FUJIKINA». Entre charla y charla, pudimos disfrutar del clásico y siempre agradecido servicio de mantenimiento y limpieza de sensores para mimar nuestros equipos.

El espacio Touch & Try fue, una vez más, el caramelito en la boca para más de uno. Allí pudimos toquetear las últimas golosinas de la Serie X y GFX, así como probar las últimas novedades de instax y la divertida compacta X-Half. Todo ello rematado con talleres de iluminación, demostraciones prácticas de vídeo y experimentación con procesos de impresión sobre distintos tipos de papel. Pocas cosas encienden tanto las ganas de salir a fotografiar como tener entre las manos una cámara que no es la tuya.
En este aspecto, la organización de la Fujikina en Madrid fue muchísimo mejor que la de Barcelona. Si en la primera Fujikina ibérica la mayoría de los compañeros de fujistas se quejaban amargamente de no tener la oportunidad de catar el equipo de prueba, en Madrid todos pudieron echar mano del equipo de su preferencia incluso en las horas punta.


Para muestra, los informes de pruebas de equipo de los compas @edgarm y de @JotaEseGé en el foro. Este último ostenta el récord oficioso de prueba de seis cámaras en una sola jornada de la Fujikina. Eso sí que es exprimir la entrada…





Más de 2.500 asistentes en Madrid
La Fujikina de Madrid se cerró con más de 2.500 asistentes, sumando los visitantes a las cuatro exposiciones abiertas en el COAM durante un mes y los participantes en las jornadas del festival. Una cifra que consolida a la Fujikina como una de las grandes citas fotográficas del calendario europeo.
Con la FUJIKINA hemos querido acercar la fotografía a distintos perfiles, especialmente al público joven que está redescubriendo en ella una forma de expresión, comunicación y documentación de su vida. Para nosotros, la fotografía no consiste solo en capturar imágenes, también implica darles continuidad, conservarlas y convertirlas en algo tangible a través de la impresión. El evento ha sido un éxito absoluto.
— Eduardo López, director de Fujifilm Imaging y Recording Media en España









¿Cuándo repetimos?
Me vuelvo a casa con la mochila cargada de inspiración, unas cuantas fotos impresas en el bolsillo y el corazón fujista lleno. Con la resaca emocional todavía encima, lanzo la misma pregunta que hace año y medio en Barcelona:
¿Para cuándo la próxima?

¡Una crónica genial, Jon! :))))
Me lo pasé genial, aprendí mucho y, como siempre, fue un gustazo estar en tu compañía y haber podido conocer en persona a otros Fujistas.
¡¡Un placer haber podido contribuir con algunas fotos!!
Lo pasasteis bien, joíos! Me pilló fuera de casa como siempre pero mola veros disfrutar tanto.
Fue un gustazo ponerte cara y sonrisa, Jon. Como dices, demasiadas cosas por hacer en poco tiempo pero esa nueva quedada con churros queda pendiente. Tal vez en Toledo que queda a tiro de piedra?
La organización un 10, muy bien por Fujifilm 👏👏👏
Donde quiera y cuando quiera, señor. El placer fue mío. Y lo mejor de todo -por delante de probar cacharros 😂, que tampoco estuvo mal- fueron los ratos compartidos, y esa sensación de pertenencia a un club/comunidad tan especial, en el que como diría Groucho, incluso admiten a tipos como yo.
Y mucha culpa la tiene usted, y lo sabe.
Gracias por todo