Presentación de la Fujifilm GFX 50R, la X-Pro2 con esteroides

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2024

Este bomboncito ya se dejó ver en el pasado salón Photokina 2018, a día de hoy no creo que todavía quede algún cliente potencial que desconozca sus características y prestaciones. Sin embargo, para esta ocasión el equipo de Fujifilm quería hacer una presentación más mimada, un poco en la línea de la Fuji GFX 50R: llana, minimalista y resultona. Desde Fujistas se pensó que tal evento lo tendría que cubrir una persona de una madurez artística incuestionable, alguien con la mente bien amueblada, un duende de la elegancia, un chamán del bokeh, un revienta paradigmas, un f*ckin’ terminator del éxtasis visual… Al final sólo pude ir yo.

Presentación GFX 50R.

El lugar de la presentación no podía ser mejor, Foto Colectania, que además de resultar una sala amplia y acogedora ubicada en la calle Picasso de la Ciudad Condal, desde finales de Junio exhibe ‘In search of beauty’, una colección extraordinaria de la obra de Saul Leiter, ¡ahí es nada! No obstante, para este evento en cuestión, los organizadores habían colocado delante de ellas —sobre caballetes, no tapándolas (desconozco si a modo de muestra de salto generacional)— una serie de fotografías tomadas con las tan deseadas (ahora ya en plural) GFX. Sobra decir que estaban impresas en tamaño XXL y con una calidad insultante. A este respecto debo disculparme, pues las fotos que pude tomar no hacen justicia a la realidad, pero ya sabéis que la luz de las salas de presentaciones no suele ser la ideal para fotografiar en ellas. Aquí os pongo algunas para que os hagáis una idea:

Después de dar unas vueltas por la sala regalándome la vista, decidí ir a visitar a la protagonista de la jornada. Desafortunadamente solo había una GFX 50R, pero acompañándola relucían a su lado un par de flamantes GFX 50S, y a modo de «hemos venido con ellas, somos sus colegas», una buena ristra de objetivos y adaptadores varios que me estaban poniendo los dientes más largos que el campo de Fútbol de Oliver y Benji.

Presentación GFX 50R

Seguro que ya sospecháis que aquella mesa estaba custodiada por un montón de pretendientes. Por suerte, con el material que siempre llevo en mi mochila fotográfica (medio litro de cloroformo, tres botes de espray de gas pimienta, una maza medieval y un par de bengalas de humo aturdidor) no me costó demasiado acceder a ella. Cuando la tuve delante pensé que no era nada fácil de describir. Imaginad que pasáis dos años enteros fotografiando únicamente con una Fujifilm X-E3: la lleváis a diario en el bolsillo de la chaqueta, os enamoráis de su ligereza, de su reducido tamaño, de sus lineas sencillas, de su discreción, etc,. De repente, en un descuido, algún adicto a los experimentos sociales más surrealistas con demasiado tiempo libre, accede a vuestra chaqueta y sin que os enteréis, os la cambia por una Fujifilm X-Pro2. Veis por la calle algo que os gustaría fotografiar, os lleváis la mano al bolsillo esperando encontrar a vuestra pequeña y… ¡VIRGEN SANTA! Vale, pues esa sorpresa multiplicadla por 4 y tendréis una idea de lo que supone agarrar la GFX 50R si venís de una X-Pro2. A nivel de diseño tiene unas lineas que para mí son clavadas a la X-E3, pero como si antes de proceder a la impresión 3D, alguien la hubiera exportado a Photoshop y hubiera hecho: «Tamaño de imagen… ¡Infinito!». A mi parecer, tal diferencia abismal de volumen hace que esas iniciales lineas sencillas de la X-E3 pasen a convertirse en lineas sobrias, pero es cierto que yo estoy familiarizado con un tipo de lineas más ‘curvy’ como el de las réflex o las de mi X-T2, por ejemplo. Al sostenerla, sin embargo, me di cuenta que era más grande en mi mente que en la realidad. Tal como podéis ver en la siguiente foto, es grande, pero creo que no tanto como me pareció al verla en vivo la primera vez (seguramente por estar acostumbrado al tamaño «mini» de la serie X en general).

Fujifilm GFX 50R en la mano.

En esa índole de divagaciones mentales andaba sumido cuando nos invitaron a tomar asiento para que diera comienzo la presentación oficial. Tras un primer vídeo corporativo que venía a decir que Fuji mola e innova a full power, recuerdo que mientras proyectaban la siguiente imagen, yo estaba escribiéndo a Jon para que actualizara el hilo de Fujistas con algunos datos curiosos del vídeo como que Fujifilm es la segunda empresa mundial en fabricación de cámaras mirrorless.

Perfiles de usuarios de Fujifilm.

Como no se puede estar repicando y en misa a la vez, no escuché al detalle la historia completa de la ilustración, pero me pareció entender que era que algún empleado le había preguntado al señor Fuji:
— ¿Cómo definimos la linea de cámaras Fujifilm, Sr. Fujifilm?
— ¡Apunta!: La de los tocahuevos que quieren un puñetero sensor estabilizado, la de los freakies que toman fotos a abuelos reflejados en el cristal de una charcutería y se creen que están haciendo arte, la de los que van de guays y dicen que el APS-C se les queda corto, la de los que me tocan las pelotas con los gusanos y dan la turra con el efecto acuarela, y la de los que no tienen ni puñetera idea de nada pero se compran una Fuji para fardar con sus colegas Hipsters.
— Pero Sr. Fujifilm, no podemos poner eso, no queda bien.
— ¡Joder, qué hostia tenéis! Bueno, va, pon Sports Cinema & Wedding, Street, Studio & Commercial, Travel & Landscape y Entry & Casual.

De todas formas, insisto, no puedo asegurar que esto fuera así, igual lo entendí mal. Por eso en la siguiente imagen sí que estuve atento y me sirvió para empezar a comprender de forma clara el concepto de esta peculiar cámara.

Range finder style.

La GFX 50R comparte sensor, calidad y muchísimas prestaciones con su hermana GFX 50S, pero las diferencias no se encuentran sólo en el peso, la forma, la ausencia de pantalla superior y en el precio (desde Fujifilm confirmaron que se podrá adquirir en Noviembre de este mismo año por 4.500€). La recién llegada a la familia es una cámara que continúa la linea marcada por la X-Pro2 pero en un peldaño superior. Es casi un concepto en sí misma. Renuncia a una mayor polivalencia y capacidad general en favor de una personalidad muy marcada. No está pensada para ponerle un grip, accesorios en el visor o tener un agarre estratosférico cuando le colocamos un objetivo grandote —que a excepción del Fujinon GF 63mm F2.8 R WR, del Fujinon GF 45mm F2.8 R WR y del futuro GF 50mm F3.5, todos lo son—. Con ópticas de peso cabecea mucho. Es una cámara para unirla a uno de estos tres objetivos y salir a la calle a tomar fotos a cascoporro. La diversión está servida, aunque no tanto como al volver a casa, pasar las fotos al ordenador y babear deleitándote con un rango dinámico adimensional y un deseo febril de darle a la lupa hasta que se te borren las huellas dactilares y se te ponga la cara de Jack Nicholson en «El Resplandor». Por cierto —pequeño inciso a este respecto—, durante la proyección nos hablaron muy brevemente de la nueva GFX Turbo Destroyer (no estoy seguro del todo de si ese era el nombre que dijeron, pero molaría una barbaridad), la de 100 Mpx. Nos pusieron una fotografía del retrato de un señor japonés, y lo cierto es que pensé algo como «pues no sé, no está mal, pero para tener 100 Mpx me esperaba algo más espectacular». Y tan pronto acabo de pensar eso, el técnico le quita el pause al asunto y la foto empieza a ir hacia detrás. Es decir: el primer planazo se convierte ya en un plano medio, luego se va haciendo más pequeño y al rededor de ese hombre empieza a aparecer más gente, y luego unas gradas, y luego más gente, y más gente, y más, y al final, cuando se ve la foto completa, parecía como si todos los que han muerto en de Juego de Tronos posaran juntos para una foto de recuerdo. OK, igual me he venido un poco arriba con el ejemplo, ¡pero es realmente impresionante lo que dan de sí 100 Mpx!

Volviendo a lo que nos ocupa, la GFX 50R y la diversión que proporciona, debo decir que sus 117 puntos de enfoque están distribuidos a lo largo y ancho de toda la superficie, y lo que es aún mejor, enfoca con una considerable rapidez. Tampoco esperéis la velocidad de una Fuji X-T3 con el Fujinon XF 50mm F2 R WR montado, por ejemplo, pero para la poca luz que teníamos en el interior se defendió más que dignamente. Reconozco que yo tenía la idea de que las medio formato eran un poco «cámara dinosaurio» y no, se me borró de un plumazo.
La siguiente imagen sirvió para mostrar qué novedades técnicas se han implementado en este modelo respecto a su hermana S:

GFX 50R ficha.

Como veis, las cuatro novedades principales se irán incluyendo también en la GFX 50S en próximas actualizaciones de Firmware: la opción de simular un recorte equivalente a un sensor de 35mm (por si usamos adaptadores de ópticas de 35mm o por si somos muy raritos), la hipervelocidad al acercar el ojo al visor, la opción del borrado simultaneo de los RAW y JPG (¡¿JPG… En serio?!), y la posibilidad de tunear el color del visor y la pantalla. No será así con el resto, claro: las 4 funciones táctiles de la pantalla, el Bluetooth 4.0 y las operaciones de control remoto por Wi-Fi, o las notificaciones de actualización de Firmware vía SMS, por si eres un ansia viva.

Después las proyecciones más técnicas, pudimos disfrutar del trabajo de los fotógrafos Matías Costa y Pedro Etura mientras nos contaban de primera mano sus experiencias con las cámaras de la linea GFX. Buena gente y enormes profesionales, sin duda. Al acabar, todos salimos disparados para toquetear aún con más ganas ambas cámaras. Como la GFX 50R estaba solicitadísima, primero pude jugar un poco con la S, y la verdad es que me encantó su tacto y el agarre que proporciona. Me adapté tan bien a ella que me obligué a mí mismo a soltarla rápidamente antes de sentirme poseído por Gollum, que poco faltó. Luego llegó mi momento de oro y pude trastear bastante con la reina de la presentación. El feeling que proporcionan una y la otra no tiene absolutamente nada que ver. Con esta me sentí como perdido al agarrarla, «¡¿por dónde la cojo?!», pensé. Comparativamente me pareció un rectángulo metálico, solemne y elegante, eso sí. No obstante, al acercar el ojo al visor ya me sentí en casa: encontré el joystick sin mirar, el visor era enorme y rapidísimo, la información completísima, el control de la apertura del diafragma en el propio objetivo, en fin, todo muy Fuji. Tanto fue así que esa sensación inicial de sentirme raro con ella en la mano se evaporó sin que me diera ni cuenta. Con el peso ocurrió exactamente igual, a los pocos segundos ya me parecía super liviana y me estaba divirtiendo de lo lindo. Si no fuera porque tenía más de una decena de ojos libidinosos y muertos de envidia que me clavaban la mirada cual alfileres de vudú, todavía estaría allí jugando con ella. Muy gustosamente, se la cedí a una chica con cara de «o me la das a mí o te reviento» cuyo rostro se transformó en el de Mimosín cuando la sostuvo en la mano. Esta cámara tiene algo, de verdad. Lo más gracioso fue cuando retomé el contacto de nuevo con la GFX 50S, os prometo que me pareció la hermana transformer de la familia, la prima de Mazinger Z. Después de haber estado filtreando con la R, me parecía ver ángulos, curvas, entrantes y salientes por todas partes.

GFX 50R vs 50S.

Aunque en la foto pueden apreciar las diferencias obvias entre ambos cuerpos, os puedo garantizar que estas aumentan de forma exponencial cuando las disfrutas físicamente. ¿Con cuál me quedaría? Yo, sin dudarlo, con la GFX 50S, pero porque encaja al 100% con mis preferencias fotográficas. Ahora, para los amantes de la X-Pro2, por ejemplo, esta cámara será como un sueño húmedo, y entiendo perfectamente el gustazo que tiene que ser montarle el 50mm y salir a fotografiar con la cámara metida en una pequeña bandolera despreocupándote de cambiar objetivos y demás milongas. Creo que es un acierto para los fotógrafos de calle que buscan una calidad de imagen excepcional. Evidentemente también podremos usarla en fotografía de estudio, paisaje o de lo que nos venga en gana, faltaría más, pero la mayor polivalencia, la capacidad de personalización a nivel de accesorios y un balance mejor conseguido a la hora de calzarle objetivos pesados, inclinan la balanza a favor de la S para tales menesteres.

Para concluir, confieso que la GFX 50R me parece una carta muy bien jugada por parte de Fujifilm. se sitúa en una rango de precios que puede resultar una fuerte tentación para usuarios de otras marcas que cuyo deseo sea tener la máxima calidad de imagen posible. El tiempo dirá qué tal digiere el mercado estas dos propuestas, pero en lo personal creo que Fuji está llevando una linea acertadísima. Durante el evento ratificaron por enésima vez que no tienen ningún interés en meterse en el mundo Full Frame, e intentando ocultar una sonrisa de oreja a oreja mientras cerraba el puño con fuerza, dije: —¡BIEN!

6 Comentarios

  1. Una entrada enorme de fujistas jeje! me he reido bastante.

    Yo estoy que no c**o con la 50R. Me llama mucho la atención, aunque si soy honesto conmigo mismo no creo que sea cámara para lo que hago, sea como sea ganas de probarla hay, y muchas.

  2. ¡¡Genial que te haya gustado, Gerard!! 😀

    A mí me ocurre algo similar. Aún así, me encantaría tenerla como combo inseparable junto al próximo 50mm :))))

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